El fundamentalista

Cuentos cortos anónimos El hombre de jengibre

Cuentos cortos anónimos El hombre de jengibre

Los cuentos cortos anónimos, tal y como su nombre lo indica son crónicas que han sido retransmitidas por otras personas, pero que desgraciadamente no hay forma de conocer al autor original de las mismas.

Esta clase de historias puede provenir del siglo pasado o hasta de tiempos inmemoriales, ya que no olvidemos que en las culturas antiguas aún hoy en día, hacen referencia a cuentos y leyendas que han marcado a muchísimas generaciones.

El día de hoy, les dejo este pequeño cuento que me platicó una amiga, un día que estábamos elaborando un proyecto para la clase de literatura en el segundo año de preparatoria.

Una mujer apagó la batidora y colocó la masa en la mesada. La estiró con un rodillo y luego fue a un cajón de la alacena para sacar sus cortadores de metal. Era la época de Navidad y por lo tanto había varias figuras listas para ser usadas, por ejemplo, estrellas, cajas de regalo, pinos adornados con esferas y escarcha entre muchas otras.

Por supuesto, no podían faltar los hombrecitos de jengibre. Una a una las charolas fueron entrando al horno hasta que llegó el turno de esas galletas típicas con forma humana.

Una vez que se enfriaron, todos los bizcochos fueron colocados en una bandeja grande de vidrio a excepción de una de ellas que cayó al piso.

El hombrecito de jengibre esperó a que la mujer abandonara la cocina y luego subió utilizando las manijas de los cajones cual si fueran escalones. Estaba a punto de acomodarse en la charola junto a las demás galletas, pero en eso vio por la ventana que afuera caía la nieve y los niños se divertían como locos.

Entonces, usando todas sus fuerzas abrió el pestillo de la ventana y salió a jugar también. Las demás galletas lo miraron asombradas, pues a ellas nunca se les habría ocurrido eso, dado que solamente se limitaban a esperar el momento en el que fueran devoradas.